viernes, 12 de marzo de 2010

LO QUE NUNCA PROBÉ.

Nunca me ha gustado la música heavy, aunque tampoco, ateniéndome a la verdad, he dedicado tiempo a escucharla. Siempre hay una primera vez y el otro día, cuando Pablo tenía puesto en el coche un disco de AC/DC, decidí prestar atención a un par de canciones. Mientras sus dedos iban moviéndose al ritmo que marcaba la guitarra, ese mismo sonido estaba provocando en mi corazón unas pulsaciones un tanto subidas de tono. Respiré. Mis ojos veían imágenes que corrían a una velocidad superior a la de la luz. Los gritos de lo que se suponía era la voz del cantante alteraban mis oídos como si fueran la tiza que se rompe en una pizarra. Mis manos comenzaron a sudar y a abrazarse hasta formar un nudo dañino. Volví a respirar. El corazón seguía bombeando con rapidez extrema mientras la guitarra rasgaba las notas musicales. La cabeza me daba vueltas. Contaba los minutos para que esa pesadilla acabara. Y se acabó. El silencio invadió la noche pero yo lo rompí con un alarido desgarrado. Tomé carrerilla en dirección a casa mientras Pablo reía observando los efectos secundarios que la experiencia heavy había provocado en mí.
Es ahora cuando entiendo el motivo por el que los americanos utilizan a este grupo como técnica extrema de persuasión en sus interrogatorios. En mí sería totalmente eficaz. Delataría a mi mejor amigo de forma inmediata.

1 comentario:

  1. a mí me ocurre lo mismo, ajajajajaja, aunque alguna me gustó brevemente, creo que no lo soporto más de 2 minutos.

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