jueves, 30 de mayo de 2013

LAS PALABRAS VUELAN


Natalia tiene 32 años y es pediatra. El departamento de Oncología del Hospital del Niño Jesús ha conseguido importantes avances para atajar la leucemia infantil y quiere presentarlos en el congreso anual que se celebra en la ciudad americana de Boston. Natalia, pese a su juventud, ha sido  una de las que más ha contribuido, con su investigación, a paliar los efectos de esta dolencia. El director del departamento ha querido que sea ella la que explique todo el proceso de investigación realizado en los últimos años.
Su vuelo sale a las cuatro de la tarde. Lleva en la sala de embarque mucho tiempo esperando. Le gusta llegar a tiempo a sus citas. Está nerviosa. No le gustan los aviones. Siempre les ha tenido pánico. Es tanto su miedo a volar que, la noche anterior, sus sueños han estado plagados de pesadillas. Cada una de ellas era diferente pero en todas ellas siempre aparecía un hombre guapo con unos preciosos ojos verdes. Si hubiera sido de carne y hueso se podría haber enamorado de él. De hecho, ahora que está despierta, cuando piensa en ese hombre, el corazón le palpita a más pulsaciones. ¡Qué absurda es!
Mira a su alrededor. Hay mucha gente esperando. Ella viaja en el grupo uno, el último en embarcar. Mejor, porque su  estado de ansiedad aumenta y los tranquilizantes que se ha tomado están tardando en surtir efecto. Observa con envidia como el resto del pasaje se dirige al avión recorriendo la pasarela acristalada con la mayor naturalidad. Son las mismas sensaciones que percibía en sus pesadillas. . Las imágenes de éstas vuelven a ella como flashes que inundan su mente.  Recuerda como algunos viajeros reían o charlaban con el compañero que les había tocado en suerte al lado de su asiento. Otros se afanaban en guardar su equipaje de mano haciendo huecos donde no los había. Las azafatas movían sus brazos indicando posibles salidas de emergencia y explicaban el uso de los chalecos salvavidas y de las mascarillas de oxígeno en el caso de una posible despresurización. Nadie las escuchaba porque se consideraban ajenos a un posible peligro. Y entre todos, llama la atención aquel hombre de los ojos verdes  inmerso en un libro que lee con avidez. Silencios de imágenes. Los cinturones abrochados, la señal de despegue que inicia el viaje hasta las alturas y que convierte al mundo en el que vivimos en una pequeña maqueta de colores geométricos irreconocibles. Los viajeros, en segundos, se convierten en gigantes capaces de todo y de nada. Vivencias estrechas entre pasillos y asientos que invaden nuestras vidas por unas horas. Sin previo aviso y con la laxitud de los movimientos oníricos, Natalia se sobresalta al escuchar las palabras exaltadas e incomprensibles de un hombre que lleva un portátil en los brazos. Tiene intención de estrellarlo contra una de las ventanillas del avión. Golpea fuertemente sobre el falso cristal. Los pasajeros gritan, una de las azafatas intenta aplacarlo pero el hombre comienza a agredirla. En medio de todo este alboroto, otro de los pasajeros intenta abrir una de las puertas de emergencia. Otros dos corren como locos con los carros del catering golpeando asientos y metiéndose en la clase preferente. El comandante envía mensajes tranquilizadores desde la cabina pero nadie parece hacerle caso. Sólo dos pasajeros se mantienen imperturbables: Natalia y el hombre de los ojos verdes. Saben que están en peligro y se cogen de las manos…parece el fin…No pueden respirar. Se abrazan. .
- Señorita, por favor, ¿va a pasar?
Natalia, se sobresalta, estaba tan metida en el recuerdo de sus pesadillas que no se ha percatado que estaba impidiendo el paso al pasajero que estaba tras ella. Mira hacia atrás para pedir disculpas y sus ojos se encuentran con un hombre guapo con unos preciosos ojos verdes.

-Sr. Wilson, siento molestarle. Estamos a punto de aterrizar. Si no le importa, tiene que ponerse el cinturón y colocar la mesa en posición vertical.
- ¡Vaya!  Se me ha pasado el tiempo volando. Y esto sí que es una afirmación real, ¿verdad?
- Sí, es verdad, - responde esbozando una sonrisa-. Si me permite la pregunta...¿está escribiendo su nueva novela? Le he observado durante el viaje enfrascado entre todos estos papeles.
- No o sí. Simplemente es un pequeño guión o quizá no sea nada, ya se verá.
- ¡Ojalá que el vuelo le haya dado la inspiración!...que tenga una feliz estancia en Boston.
- Muchas gracias, ¿Srta?     
- Natalia, Natalia Azcárate.


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